El estudio elaborado por la Universidad de Ciencias Aplicadas de Múnich
sobre los puntos fuertes y las debilidades de Lanzarote para el turismo
alemán constata que el turista se ha convertido ya en un ciudadano normal
y corriente. Que piensa como cualquier residente de Lanzarote y al que no
se le puede vender gato por liebre como hasta ahora se pensaba.
Su lista de quejas es tan reveladora que parece hecha por cualquiera de
nosotros. Y lo que nos piden que arreglemos para que su estancia sea más
confortable no necesita de inversiones millonarias.
Señalización de las carreteras. Parece mentira que tengamos una de las
mayores flotas de coches de alquiler de Canarias y luego no contemos con
una señalización eficaz para que los visitantes puedan acceder a cualquier
rincón de la isla sin mayores problemas. Aquí es normal que salgas de
Costa Teguise y llegues por equivocación al barrio de San Francisco Javier
en Arrecife en lugar de a Puerto del Carmen.
Más frecuencia del transporte público. Aunque reconocemos el esfuerzo
realizado en los últimos meses por el Cabildo es cierto que todavía
estamos a años luz de contar con una verdadera red de guaguas que anime a
los conejeros a dejar en casa sus vehículos particulares.
Incluso nos piden que rebajemos los bordillos de las aceras para facilitar
el tránsito de sillas de ruedas o carritos de bebé, más aseos públicos
limpios e incluso más productos de calidad para la compra.
Por cierto, ninguno nos habló de campos de golf, de iconos o megaproyectos
turísticos. Tranquilidad, autenticidad, mar, playa y buen clima. Una
receta perfecta para unas buenas vacaciones. Y no seremos nosotros los que
discutamos a los que han convertido a Alemania en la primera potencia
económica europea.